Acuérdate del día de reposo para santificarlo... Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día…” Éxodo 20 “Guardarás el día de reposo para santificarlo… acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido”  Deuteronomio 5

El cuarto de los diez mandamientos en Éxodo ordena “acordarse”, porque rememora el sabat de la creación, el reposo de Dios, como patrón del reposo del pacto. En Deuteronomio, se les ordena guardar el sabat, en conmemoración de la liberación de Israel de Egipto.

El sabat recordaba el reposo de la creación. La institución del sabat israelita recordaba la redención y regeneración de Israel. El objetivo del sabat, como dice con claridad Hebreos 3, es la tierra prometida, la nueva creación en Jesucristo. El sabat, por consiguiente, establece la restauración y restitución de todas las cosas en Cristo.

En el año del jubileo (año 50 después de 7 series de 7 años), como en cada año sabático, las deudas se cancelaban, las propiedades rurales de tierra volvían a sus dueños originales, a los esclavos se les daba la libertad. El jubileo marcaba un festival de dos años en el cual se saboreaba de antemano el gran sabat de la nueva creación.

El Jubileo empezaba al anochecer del día de la expiación, eso dejaba en claro el cimiento de la nueva creación: la expiación por la sangre del Cordero del pacto. La creación y la recreación eran, pues, básicas para el sabat; el hombre reposa en la obra terminada de la redención de Dios, proclamada antes de la fundación del mundo. Por fe, el hombre, esperando la victoria final y regocijándose en la liberación presente, vive y reposa en la suficiencia de Dios.

Obispo Juan Manuel Martínez

Devocionales diarios:

Lunes: Deut. 15:1-6  Martes: Deut. 15:7-11  Miércoles: Deut. 15:12-23 Jueves: Deut. 16:1-17  Viernes: Deut. 16:18-22 Sábado: Deut. 17:1-13 Domingo: Deut. 17:14-20



¿Santificarán el Nombre de Dios nuestros hijos?

La salvación  está en las manos soberanas de Dios. El escoge y llama a los suyos a Si mismo. A menos que Dios obre en el corazón de un niño, todos nuestros esfuerzos son en vano. Sin embargo, esto no significa que no debamos laborar, pues el labrador si quiere cosechar debe trabajar primero. Tenemos el privilegio de ser, principalmente como padres, instrumentos de Dios.

¿Cuál es nuestra responsabilidad como sembradores?  Los niños nacen con una naturaleza de pecado heredada. Nadie tiene que enseñarla a un bebé a retorcerse y llorar cuando no quiere la cuna, él está expresando su naturaleza rebelde. Pero aun así, hay una apertura en ellos a la verdad espiritual que está ausente en muchos adultos, no están “endurecidos” por el engaño del pecado (He 3:13), les encanta escuchar historias de la Biblia y cantar acerca de Jesús. El interés espiritual es un paso hacia la salvación, pero no es la salvación.

La labor del sembrador es mantener el Evangelio frente al niño,  sembrar la Palabra de Dios en cada oportunidad, desquebrajar los terrones de tierra con disciplina, entrenamiento y regarla con oración incesante. La actitud del sembrador deber ser de FE. Dios nos ha dado esperanza para nuestra siembra del Evangelio en los corazones: La Palabra de Dios es poderosa, hay seguridad de que habrá una cosecha de algún tipo ¡Aleluya!                                           

Pastora Rebeca de Martínez

“El corazón de la iglesia”

¿Qué hace que una iglesia sea exitosa? ¿Una gran asistencia el domingo por la mañana? ¿Un presupuesto multimillonario en dólares? ¿Un local ultramoderno?

Todos sabemos que esos no son los criterios que definen a una iglesia exitosa. Ya sea que nuestra iglesia albergue a multitudes, o que tan sólo tenga unos cuantos asistentes, las cifras no son la medida que Dios usa para el éxito. El mira el corazón de la iglesia.

 

El apóstol Pablo estableció una iglesia importante en Tesalónica, la ciudad capital de Macedonia. Mostró su deseo para los miembros de la iglesia allí cuando escribió: "y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos..., a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad" (1 Ts. 3:12-13). Con estas palabras, Pablo nos mostró dos características que son vitales para un cuerpo de creyentes exitosos - el amor de unos por otros y la santidad.

 

Las congregaciones, los locales de las iglesias y los presupuestos llegan en diferentes tamaños. La verdadera medida del éxito la demuestran los seguidores de Cristo que aman a Dios y que se aman unos a otros, y que están comprometidos a vivir vidas santas. Nuestro desafío puede encontrarse en las palabras del profeta Miqueas: "¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con tu Dios?" (6:8). __ CHK

Tomado de Nuestro Pan Diario

“Tu Ley es mi delicia” Salmo 119:174

En la obra de C.S. Lewis, El León, la bruja y el ropero, la Bruja Blanca necesitaba saber sólo una cosa acerca de Edmundo para hacerle traicionar a sus hermanos. Con sólo unas cuantas preguntas sencillas, la bruja supo que la debilidad de Edmundo era su amor por un dulce llamado la Delicia Turca. El pedazo que le dio a Edmundo fue más delicioso que cualquier otra cosa que él jamás hubiese probado. Pronto Edmundo no podía pensar en otra cosa que no fuera “tratar de engullirse tanta delicia turca como pudiera y cuánto más comía más quería”.

 

Cada uno de nosotros tiene una vulnerabilidad como la de Edmundo, la cual Satanás está ansioso por explotar. Puede que sea algo adictivo como las drogas o el alcohol, o puede que se trate de algo aparentemente inofensivo e incluso tal vez bueno como la comida, la amistad o el trabajo.

 

Después de su resurrección, Jesús le hizo a Pedro esa pregunta personal y perspicaz: “¿Me amas más que éstos?” (Juan 21:15). “¿Qué amo yo más que a Jesús?”. Cuando Satanás descubre lo que amamos más que a Dios, sabe como manipularnos. Pero pierde su poder sobre nosotros cuando nos deleitamos en el Señor.

Tomado de Nuestro Pan Diario

 

LEYENDO CADA DÍA

Deuteronomio

Lunes: Deut. 1:1-18 - Martes: Deut. 1:19-46 – Miércoles: Deut. 2:1-25 – Jueves: Deut. 2:26-37 – Viernes: Deut.3:1-29 – Sábado: Deut. 4 – Domingo: Deut. 5:1-21

El Compromiso de Ciudad del Cabo

Una Confesión de Fe y un Llamado a la Acción

 

El Tercer Congreso de Lausana para la Evangelización Mundial (Ciudad del Cabo, 16 al 25 de octubre de 2010) reunió a 4.200 líderes evangélicos de 198 países, y se extendió a cientos de miles más que participaron en reuniones en todo el mundo y a través de Internet. ¿Su meta? Plantear a la Iglesia global un desafío renovado a dar testimonio de Jesucristo y de toda su enseñanza en cada nación, en cada esfera de la sociedad y en el mundo de las ideas.

La pasión de nuestro amor

Esta Declaración está enmarcada en el idioma del amor. El amor es el idioma del pacto. Los pactos bíblicos, antiguos y nuevos, son la expresión del amor y la gracia redentores de Dios que se proyectan para alcanzar a nuestra humanidad perdida y a la creación estropeada. A cambio, reclaman nuestro amor. Nuestro amor se demuestra en confianza, obediencia y un compromiso apasionado con nuestro Señor del pacto. El Pacto de Lausana decía que la evangelización mundial requiere que "toda la iglesia lleve todo el evangelio a todo el mundo". Esta sigue siendo nuestra pasión. Así que renovamos ese pacto afirmando nuevamente:

  • Nuestro amor por todo el evangelio, como las gloriosas buenas noticias de Dios en Cristo, para cada dimensión de su creación, porque ha sido arrasada toda por el pecado y el mal;
  • Nuestro amor por toda la Iglesia, como el pueblo de Dios, redimido por Cristo de toda nación en la tierra y toda era de la historia, para compartir la misión de Dios en esta era y glorificarlo por siempre en la era venidera;
  • Nuestro amor por todo el mundo, tan lejos de Dios pero tan cerca de su corazón; el mundo que Dios amó tanto que entregó a su único Hijo para su salvación.

Al amparo de este triple amor, nos comprometemos nuevamente a ser toda la Iglesia; a creer, obedecer y compartir todo el evangelio; y a ir a todo el mundo para hacer discípulos a todas las naciones.

Devocionales de la Semanal

Lunes: Mateo 28:1-20

Martes: Marcos 16:1-20

Miércoles: Lucas 24:33-53

Jueves: Juan 20:13-31

Viernes: Hechos 1:1-11

1. ¿Qué condiciones se describen entre Jesús y sus discípulos?

2. ¿Cuáles mandamientos identifica en el pasaje?

3. ¿Cuáles promesas encuentra?

4. ¿Cómo lo puede vivir esta semana?